Monday, March 8, 2010
Desde el Cielo
Monday, February 8, 2010
Queda Lejos Pt.1
Luego de concretar su primera cumbre, su primer pico, el joven explorador mira el horizonte. El vacío es celeste. Es celeste y profundo. Sólo se detuvo un segundo a contemplar ese paisaje.
No existe una noción cierta del tiempo; si este corre o está detenido es ahora irrelevante. La inmensidad todo lo cubre y todo lo que parecía importante queda en un segundo plano.
La luz se pone tan brillante que enceguece los ojos, e inmediatamente todo se vuelve blanco. Se sintió flotar e intentó, en vano, gritar. Impotencia. No conseguía emitir una sola palabra por más pequeña que esta fuera. Movía su cuerpo velozmente en rápidas ráfagas pero todo a su alrededor se mantenía inmóvil. Los intentos por despertar fueron inútiles.
Agotó sus energías en poco tiempo y una vez que abandonó la lucha todo quedo inmóvil. No tiene más remedio que pensar, quizás concentrándose en salir de dónde quiera que esté, quizas solo así logre salir.
Primero intenta descifrar donde es que se encuentra. El color blanco le hace recordar a sus libros religiosos que leía en su infancia. El color de Dios solo podía significar pureza: el Cielo tal vez. Se atemoriza y se piensa muerto. Coinciden las descripciones, sin embargo el no sabe que todavía es demasiado joven para morir.
Sigue pensando. Se frustra. Decide ponerse a tono con el lugar y vaciar su mente, ponerla totalmente en blanco. Comienza a disfrutar de la paz que lo rodea: al fin y al cabo recién terminaba de escalar una dura montaña.
Supo acordarse de que no había gozado un momento de paz como este en años. Pero no supo que en realidad jamás había tenido un momento de paz como este en toda su vida.
Por más que lo intentó era imposible acostumbrarse. Todavía lo recuerdan en su barrio diciendo que la paz es para los ancianos que tienen más tiempo. Los ancianos se ponían tristes por el explorador, porque no se daba cuenta que, a contramano de lo que pensaba, cuanto más viejo es uno, menos tiempo le queda en este mundo.
Su barrio era como cualquier otro: polvorientas calles de tierra, casas bajas y niños jugando en los pocos árboles que había. Ninguno de sus habitantes llegó a imaginar siquiera a nuestro joven en la cima del mundo, donde solo se necesita alzar las manos para tocar el cielo, donde cada plegaria es escuchada más detenidamente por Dios, donde los sentidos son ensordecidos y tan por encima de las nubes que el sol brilla incesantemente.
Ahora estaba solo, en una jaula invisible, aislado del tiempo y de las leyes de la física, se imaginó quizás sea una redundancia decir eso: “Aislado del tiempo y de las leyes de la física”; nunca lo iba a poder determinar, ya que había elegido no estudiar para dedicarse a lo que lo hacía realmente pleno.
Thursday, September 3, 2009
El Descanso
El Descanso
Tocó una cuerda de mi esencia; Dejó al descubierto mi sensibilidad, mis pensamientos más íntimos. Esto fue lo que sentí apenas vi su obra de arte: un lienzo tiernamente empapado de óleo que retrataba a la perfección mi propia alma.
No pude hacer otra cosa más que enamorarme de la artista cuando pregunté por ella y al fin la vi. Reconocí que su pintura era también una abstracción de sus ojos, un mar de colores dónde podía perderme durante horas.
La conexión fue instantánea y tengo la sospecha de que fue el mismo Dios quien la planeó celosamente planeada desde y para la eternidad. Imagino que imaginó ese momento hasta el último de los detalles y fue claro su objetivo: Dar prueba de su mismísima existencia, ó quizás simplemente haya buscado mi aceptación, de que el infinito, de que la perfección puede existir. Supe que ésta perfección no sólo se da cuando hay dos personas que la conviven, y esas personas reconocen inmediatamente y de forma simultánea esta mística de la que estoy hablando, y quienes nunca la sintieron pretenden llamar amor a primera vista. Ilusos.
Lo supe años después habiendo ya el cielo cedido su lugar en mi mundo y dando paso al infierno en cada momento de mi vida. Los recuerdos del pasado no son más que eso: recuerdos. Su duración es ínfima si los comparamos con el presente, demasiado largo, casi inagotable.
Y el futuro? El futuro nos atraviesa de lado a lado, nos trasciende y se condensa en forma de pasado, donde años enteros pueden resumirse en un vaso de whisky. Los que mejor vivieron se ríen de esta teoría y se jactan que el vaso de whisky es para ellos, doble.
Todavía conservo ese cuadro, que hoy se ha vuelto una lápida para mis sueños adolescentes. Debo soportar sus burlas, verlo mofarse de mí. Me mira envejecer mientras que el conserva intacto el éter de mi juventud, de mi inocencia.
Llevo años planeando deshacerme de esa pintura: pensé en romperlo, tirarlo, quemarlo… ¿Más quién cometería semejante locura, si no un suicida? Me preguntaron algunos porque no lo regalaba. La respuesta la encontré en un vals de Miguel arena, rioplatense y compositor cuando sobre acordes menores sonaba una voz ronca y barítona que rezaba: “Me aferraré a ti Inés, así sea sólo del recuerdo de tu mirada, o del eco del recuerdo de ésta”.
Oscar Wilde nos mostró en su novela que el retrato de Dorian Gray intentó vengarse de su dueño cuando éste lo destruyó. Pero su intento de venganza fue infructuoso, ya que sólo consiguió matar a Dorian, librándolo del peso muerto de pena y dolor que llevaba consigo.
Yo no fui lo suficientemente valiente como para destruir mi cuadro, que guardaba escondido con recelo. Así que tomé la decisión más cobarde y decidí terminar con mi sufrimiento de la manera más sencilla: auto-infligiéndome la muerte.
El retrato siguió igual. En realidad, todo siguió igual. Los verdes se mezclaron con el cielo y sólo se sintió un descanso.
Sunday, August 30, 2009
La Muerte de Yrgundia
Hace unos años, me propuse escribir esta historia. Para ese entonces, Felipe Yrgundia tendría unos 80 años. Vivió su infancia en un chalet con techo a dos aguas, de tejas color terracota y paredes ya descascaradas por el paso del tiempo. La casa quedaba en el bajo de San Isidro y ya no quedan ni los cimientos de la construcción, que fue demolida para dar lugar a una nueva vivienda con características más modernas.
Pocos se acuerdan hoy de su vecino, Enrique Flores, quien supo ser eterno enemigo de Hortensio, el padre de Felipe. Cuentan los más ancianos del barrio, que las peleas vecinales comenzaron en el año ’56 cuando Hortensio, sin contemplar que se encontraba en pleno horario de siesta, se dispuso a escuchar un disco de Miguel D’Alambeira, famosísimo interprete de tango argentino contemporáneo.
En ese, el que sería su último disco, Don D’Alambeira cantaba con solemnidad, una canción que llevaba a las lágrimas a hombres y mujeres por igual. Esta era en cuestión, una versión agiornada de la milonga “Extraño tus besos Maria Clara”, compuesta treinta y dos años antes, por Luis Torres, apenas conocido por sus escritos arrabaleros que rebalsaban de desidia y desdicha.
Felipe tuvo una adolescencia no menos feliz. Basta con decir que conoció a su primer amor porque mencionar detalles, como las caminatas de la mano a orillas del Rio de la Plata, los juegos en el pasto, o los largos minutos de miradas a los ojos, sin pestañear, como intentando no perderse un solo segundo de ella, sería ahondar demasiado en detalles, que luego se convirtieron en un recuerdo triste y gris, una herida que jamás acabo de sanar en su corazón.
Ya adulto, sólo y desesperanzado, se lo veía caminar como un alma perdida. Felipe era un ente traslúcido, arrastrando el peso de su propio cuerpo por las calles de tierra. Tenía su mirada perdida en las copas de los arboles, por donde miraba al sol filtrar algunos rayos que iluminaban su pálido rostro y mostraban destellos de sus épocas anteriores.
Su vida se había convertido en un tango como los que escuchaba su papá. Vivió y sufrió en carne propia desamores, engaños y enconos. Poco a poco su fuerza se iba apagando, las horas se hacían largas y su vida se acortaba a pasos gigantescos.
Fue un día cualquiera, creo que después de Pascua cuando su cuerpo no soporto más y sucumbió. Sucumbió como un animal de gran porte, sin quejarse y sin ruido se desplomó sobre el piso frío. Sus ojos abiertos pretendiendo mirar eternamente el verde de su jardín. Permaneció.
Wednesday, August 19, 2009
Trascención. Noche. Acuarela.
Porque cuando pensamos en Aire nos vienen a la cabeza cientos de otras palabras. Y empieza la cadena: Aire->Zaire->Malaria->Jungla->Cemento->Ciudad->Marbella->Sal->Luz.
Dejamos afuera palabras como: Pacú, Zircón, Vendrá ó Demófilo. Mientras que todavía nos queda encontrarle una definición a esta última palabra.
Quizás el concepto de “Unión” nos resulte coherente, y hasta familiar. Pero quizás no. Y es precisamente en estos casos, en los que Amadeo “El Barbero” Irriba se especializaba.
Por siempre un estudioso de la semiótica . Sus conocimientos no provenían de prestigiosas universidades, si no, de la comunicación misma. Se sabe que desde pequeño, Amadeo podía conectarse con la propia esencia del habla, y trascenderla. Comprendía los gestos, las intenciones y sus significados. En el barrio hasta llegaron a afirmar que el poseía el poder de leer las mentes.
Sin embargo, yo me río cuando me preguntan por Amadeo y jamás voy a admitir su existencia. Será que todos necesitamos tener enemigos en la vida. Así, remontar barriletes es más sencillo. Pintarrajear paredes es, y seguirá siendo, igual de complicado, en tanto correr por praderas eternamente verdes, sencillamente imposible.
Monday, July 20, 2009
Compro Hojas Escritas Para el Alma
Sólo Don Omar Dentonio se acuerda de la belleza que la calle Estrada ostentaba en los años ’50. Sin embargo, ya nadie se acuerda de Don Omar Dentonio. Se pensaba que había dejado su casa en 1963, a manos de una señorita mucho menor que él, quien lo indujo a las peores tentaciones en las que puede caer un hombre de ya avanzada edad. Algunos hombres de su misma edad se empeñan en afirmar que esas tentaciones son, sin embargo, las mejores en las que uno puede caer.
La navidad del año ’64 fue claramente diferente. Un nuevo integrante llegó a la familia Ramírez. Se trataba de un Ford Falcon último modelo, envidia de los vecinos y chiche nuevo de Pablo, el hombre que después de dos años de anhelos y ahorros alcanzó su objetivo con una pequeña ayuda del abuelo de la familia, Herminio.
Eran claramente otras épocas: Hombres responsables, Mujeres responsables también, Autos importados, Mascotas que podían hablar con sus amos y todo tipo de delirios para los más jóvenes.
Detenernos apenas un minuto en la vida de Miguel Humberti, con 20 años cumplidos el 29 de Diciembre de 1964 es no menos que sabio. El supo atravesar su infancia con un solo regalo que recibía anualmente uniendo los esfuerzos de su cumpleaños y la navidad. También le tocó vivir una adolescencia de película, al ritmo de long plays cincuentones estadounidenses que llegaban para el deleite de la juventud peronista.
Como cuesta revertir una imagen. A veces, imposible. Así pasaba con la calle Estrada, que desde los tiempos de Don Omar Dentonio ostenta la belleza inconfundible de bellas tipas que brindan sombra a los que gustan de recorrerla en bicicleta una mañana de primavera, apenas fresca, pero con el sol amenazando con un mediodía veraniego.
Los que se animen a perderse una mañana de Domingo en Septiembre, ojalá se encuentren con esta calle, y a partir de este encuentro se sientan perdidos en cualquier otro lugar que no tenga la brisa, ni la belleza de Estrada.
